EL IMAM HUSAIN (P), SEÑOR DE LOS MÁRTIRES, Y LA MASACRE DE KARBALÁ
El 10 de Muharram del sexagésimo primer año lunar, día conocido con el nombre de “Ashura”, en el territorio de Karbala en Iraq, se originaba la masacre más atroz e importante de la historia del Islam: el martirio del Imam Husain (P) junto a setenta compañeros, la mayoría, miembros de la familia del Profeta . Mataron al nieto del Mensajero de Dios (BPD), el hijo de su amada hija Fátimah (P) y del Comandante de los creyentes ‘Alí (P). Uno de los seres más amados por el Profeta (BPD), alguien que representaba una parte del propio Mensajero de Dios. Habían pasado sólo cincuenta años del fallecimiento del Profeta (BPD) y quienes se habían instalado en el gobierno del estado islámico asesinaron sin piedad a los miembros de su amada familia.
Este martirio cambiaría la historia del Islam, provocando sesenta años después aproximadamente la caída del régimen Omeya. Pero su magnitud repercute entre los shiitas hasta nuestros días, después de haber transcurrido más de mil trescientos años.
Es una ventaja para los shi’as que aún lloren, se emocionen y mantengan viva en los corazones la lucha de la verdad, la justicia y la rectitud contra la tiranía, la maldad y el desvío.
LA VIDA DEL IMAM HUSAIN (P)
Fue el segundo hijo de Fátimah y ‘Alí (P). Nació en Medina el 3 de Sha’ban del cuarto año lunar. Junto a su hermano Hasan (P) eran conocidos como “los hijos del Profeta”. El Mensajero de Dios (BPD) acostumbraba a besarlo y mostrar su amor hacia él en toda oportunidad. Solía decir:
“Husain es parte mía y yo soy de él”.
“Estos dos hijos míos (Hasan y Husain -P-) son mis dos plantas aromáticas que endulzan el mundo”.
“Quien ame a Hasan y Husain, yo lo amo, a quien yo ame, Dios lo ama, y a quien Dios ama El lo introducirá en el paraíso. Quien los deteste, yo lo detesto, y es detestado por Dios. Y a quien Dios deteste, El lo hará entrar en el infierno”.
“Hasan y Husain (P) son los ornamentos del Trono del Paraíso. El mismo Paraíso ha dicho: ¡Oh, Señor mío! Me has llenado con débiles y pobres habitantes. Y Dios Altísimo le replicó: ¿Acaso no estás contento por haber adornado tus esquinas con Hasan y Husain (P)? Entonces el Paraíso alardeó como lo hace una novia llena de felicidad”.
“A Husain le lego mi generosidad y mi coraje”.
“Tú (dirigiéndose al Husain -P-) eres un hombre noble, hijo de un hombre noble, un Imam hijo de un Imam, una prueba hijo de una prueba de Dios y padre de nueve pruebas (refiriéndose a los Imames que lo sucederían), de las cuales la novena será nuestro defensor (al Qa’im)”.
Todos conocían el amor que el Profeta (BPD) sentía por ambos, a quienes llamara “los señores de los jóvenes del Paraíso”. Solía alzarlos en presencia de la gente en la mezquita durante los sermones de los viernes. Ellos solían subirse sobre sus hombros cuando él estaba rezando, por lo cual solía prolongar la prosternación.
Cuando el Profeta (BPD) falleció, ambos se mantuvieron junto a su padre, el Imam Alí (P).
Cuando él fue martirizado, Husain siguió junto a su hermano Hasan, y tras su fallecimiento, asumió el Imamato, según la designación del Profeta, de su padre y de su hermano, el 7 de Safar del quincuagésimo año lunar del calendario musulmán, a los cuarenta y seis años de edad.
El Imam Husain al asumir el Imamato, también respetó el acuerdo de su hermano, y durante diez años soportó con paciencia el gobierno de Moawia. Esta inmovilidad que ambos encararon no implicaba de ninguna manera el silencio y la complicidad frente a la injusticia.
Por el contrario, ambos siempre hablaron guiando a los musulmanes hacia la luz de la verdad, vivificando la religión de Dios y la conducta del Profeta, y recordándoles las tradiciones del Mensajero de Dios (BPD), las palabras y hechos que ellos mismos habían presenciado en muchos casos.
A mediados del mes de Rayab del sexagésimo año solar, Moawia muere y asume el poder su hijo Yazid.
Yazid era un hombre abiertamente corrupto y al asumir el califato ordenó que el Imam Husain (P) le jure fidelidad y lo reconozca como califa. De lo contrario debía ser ejecutado.
Por supuesto el Imam rechaza la propuesta de Yazid, por lo que se vio obligado a marcharse de Medina junto a sus familiares y amigos.
Muhammad ibn al Hanafiiah, el hijo del Imam ‘Alí y hermano de Husain, le recomendó que se trasladase al Yemen, donde la gente amaba a ‘Alí (P), recordándolo por haber sido el primer gobernante que tuvo esa región al islamizarse. Al mismo tiempo desde Kufa le escribían al Imam pidiéndole que asuma el gobierno de Iraq, afirmándole que lo apoyarían contra Yazid. El Imam envió a Muslim ibn Aquil, su primo, a Kufa para confirmar dicho apoyo, y él le escribió que en efecto, el ochenta por ciento de la población lo respaldaría y que debía apresurar su llegada. Muhammad ibn al Hanafiiah le recordó al Imam que ‘Alí había dicho que la gente de Kufa no era de confiar, pero el Imam le contestó que si bien sabía eso, el Profeta (BPD) le había dicho que tenía destinada una jerarquía elevadísima ante Dios, pero que sólo la obtendría a través del martirio.
El Imam Husain se encontraba en La Meca con su familia y seguidores, preparándose para los ritos de la peregrinación. Como sabía que Yazid enviaría gente a la cual exigiría el reconocimiento a su califato y que podría llegar a originar disturbios en ese lugar santo, aún en esos momentos, el Imam decide abandonar los preparativos de la peregrinación y partir hacia Kufa de inmediato. Llevaba consigo sus hijos, hermanos, primos, sobrinos y seguidores, todos con sus mujeres, sumaban setenta o setenta y cinco hombres.
En tanto Yazid se enteró de la situación de Kufa, envía a Ubaidullah ibn Ziad con órdenes de hacer lo que fuese necesario para someter a la gente a su gobierno. Ibn Ziyad asesina a Muslim ibn Aquil y algunos que lo apoyaban, y proclama que todo aquel que apoyara al Imam Husain (P) sería ejecutado. Fue entonces cuando los habitantes de Kufa retiraron su apoyo al Imam (P), aceptando el gobierno de Yazid. Mientras que el Imam Husain, ya había iniciado su camino hacia la ciudad de Kufa, un camino que no lo llevaría al gobierno, sino a la gloria elevadísima del martirio.
LA MASACRE DE KARBALA
La partida del Imam no fue un acto apresurado y sin meditación. Un Imam Infalible no actúa de manera despreocupada e incauta. Por el contrario, el Imam sabía perfectamente cual era su destino y no estaba dispuesto a rechazarlo. Una de las muestras de su conocimiento con respecto a la situación, es el hecho de haber dejado antes de marcharse a la Meca un escrito a Umm Salama, una de las esposas del Profeta, especificando que el Imamato después de su muerte le correspondía a su hijo ‘Alí Zain al ‘Abidin .
En el camino es interceptado por Hurr al Riahi con un ejército de mil hombres. Hurr era un conocido y valiente militar. Habló con el Imam respetuosamente informándole que debía acompañarlo al sitio en el cual se encontraba Ibn Ziad. Ellos continuaron su marcha hasta la costa del río Eufrates, donde el caballo del Imam se negó a continuar. El Imam Husain cambió de corcel nueve veces, pero ninguno quería marchar. Entonces preguntó cómo se llamaba el lugar. Le dijeron “Ninawa”. Preguntó si tenía otro nombre, le contestaron “Algaziría”. Volvió a preguntar por otro nombre, y le dijeron “Karbala”. ‘Entonces desmontó diciendo:
“Me refugio en Dios del Karb (infortunio) y del balá (aflicción). Aquí nos detendremos. Aquí moriremos y este será el albergue de nuestras tumbas. Mi abuelo me anunció que en este lugar hallaría el martirio”.
Su hermana Zainab, la hija de ‘Alí y Fátimah, lloró diciéndole que él hablaba con total certeza de su muerte. Entonces Husain le dice:
“¡Oh hermana mía! No permitas que satanás juegue con tu mente. Todo aquel que tenga vida, morirá. Sólo permanecerá la Faz de Dios, y hacia El será nuestro retorno. ¿Dónde están, acaso, mi abuelo, mi padre y mi hermano? Ellos fueron mejores que yo, superiores a mí”.
Tres días después, Ibn Ziyad le envía un mensaje ordenándole el sometimiento al gobierno de Yazid, a lo cual el Imam se niega. Entonces lo envía a sitiar con un ejército de cuatro mil hombres, comandados por Omar Ibn Sa’ad, cuyo padre había sido uno de los primeros musulmanes.
Ellos cercaron el campamento del Imam y le bloquearon el acceso al agua, a fin que la sed los debilite y atormente. Durante los tres días de asedio no les permitieron tomar ni la menor provisión de agua, dejando padecer tanto a los hombres como a las mujeres y niños, la intensa sed de aquellos calurosos días en el desierto.
La noche del noveno día, el Imam Husain reúne a todos sus compañeros para hablarles. Les dice que al día siguiente serían martirizados, y que durante la noche podían escapar, que él los autorizaba. Pero todos llorando le dijeron que lo seguirían hasta la muerte jurándole luchar por la Causa de Dios hasta el fin.
Hurr, quien había sido comandante del enemigo, junto a su hijo se trasladó al ejército del Imam para alcanzar el martirio en el camino verdadero.
Al día siguiente, de la plegaria del alba, el Imam organizó sus tropas. Contaba con treinta y dos hombres a caballo y cuarenta a pie. Envió primero a Gurair ibn Jusair para que les hablara y exhortara, pero no lo escucharon. Luego fue él mismo ante el ejército enemigo y disertó ante ellos. Les recordó su derecho y su prestigio; les recordó que fueron ellos quienes lo llamaron y ahora lo traicionaban; les advirtió sobre la muerte y el castigo de Dios, y suplicó a Dios contra ellos.
Omar ibn Sa’ad fue el primero en atacar, arrojando una flecha hacia la tienda en la que acampaba el Imam. La batalla comenzó, y debido a la notable cantidad de hombres en las filas del enemigo, los compañeros del Imam Husain (P) comenzaron a ser martirizados.
Abbas ibn ‘Alí, hermano del Imam, fue asesinado mientras se esforzaba por traer agua a las mujeres y niños.
Incluso mataron al hijo menor del Imam Husain (P), ‘Alí al Asgar, de sólo seis meses de edad, mientras su padre lo tenía en brazos y preguntaba al enemigo por qué le negaban agua a una criatura inocente.
Finalmente el Imam quedó solo frente al enemigo. Lo rodearon y comenzaron a arrojarles flechas. El les pidió que respetasen a las mujeres que sobrevivirían. Una flecha hirió su cabeza, luego otra le dio en el pecho y cayó. Entonces Shemer ibn Dhi al Yawshan lo mató, cortó su cabeza y la colocó en la punta de la lanza para presentarla ante Ibn Sa’ad. Los soldados después cabalgaron sobre los cuerpos de los mártires y apresaron a las mujeres.
Sólo se salvó ‘Alí Zain al ‘Abidin , hijo del Husain , quien sería el cuarto Imam. No pudo combatir por hallarse fuertemente enfermo. Su tía lo protegió cuando los soldados quisieron darle muerte en el momento que fueron a capturar a las mujeres.
En total murieron diecisiete hombres de la familia del Imam, todos de Banu Hashim. Eran seis hijos de Amir al Mu’minin , tres hijos de Hasan , dos hijos de Husain, dos hijos de Abdullah ibn Ya’far ibn Abi Talib, tres hijos de Aquil ibn Abi Talib y un nieto de Aquil (Ya’far y Aquil eran hermanos del Imam ‘Alí –P-). Abdullah ibn Ya’far era esposo de Zainab. En cuanto al Imam Husain (P), fue martirizado después de la oración del mediodía.
DISERTACIONES Y EXPRESIONES DEL IMAM HUSAIN (P) EN KARBALA
l) “Tened paciencia, ¡oh hijos de nobles personas! La muerte sólo es un puente que os transporta desde las desgracias y dificultades hacia los amplios jardines y las mercedes incesantes. ¿Quién de vosotros detesta que lo trasladen desde una cárcel a un palacio? En cambio, para sus enemigos sólo se trata de un vehículo que los transporta desde un palacio hacia una cárcel...”
2) “¿Acaso pretenden atemorizarme con la muerte?...Mi posición no es la de quien se asusta ante la muerte. Fácil es la muerte en el camino que lleva a la gloria y vivifica la verdad. En el camino de la gloria no hay muerte, sino vida eterna. Sólo en una vida humillante existe la muerte completa.
¿Acaso pretenden atemorizarme con la muerte? Lejos está eso...No tengo miedo a la muerte, pues mi alma es mayor que eso. Mi objetivo es más elevado que cargar la injusticia por temor a la muerte.
Además ¿pueden hacer algo más que matarme? ¡Qué bueno es morir en el camino de Dios! Como vosotros no podéis destruir mi gloria ni borrar mi honra y nobleza, entonces no temo a la muerte”.
3) “Analicen mi linaje y consideren quién soy yo. Luego obsérvense a vosotros mismos y recapaciten. Consideren cuál es vuestro derecho a matarme y a violar el honor de mis mujeres. ¿Acaso no soy el hijo de la hija del Profeta, e hijo de su primo y auténtico heredero, el primer hombre en creer en Dios y Su Profeta, conducido por su Señor? ¿Acaso no fue Hamza, el señor de los mártires, mi tío?
¿No han escuchado las palabras del Mensajero de Dios (BPD) concernientes a mi hermano y a mí cuando dijo: ‘Ellos son los señores de los jóvenes del Paraíso?’ Ya sea que crean en lo que digo o no, hay entre vosotros quienes os pueden decir esto si les preguntan.
Preguntadle a Yabir ibn Abdallah al Ansari, Abu Sa’id al Judri, Sahl ibn Sa’d al Sa’idi, Zayd ibn Arqam y Anas ibn Malik lo que ellos han escuchado de las palabras del mensajero de Dios concernientes a mí y a mi hermano. ¿Eso no es suficiente como para impedir que derramen mi sangre?”
4) Cuando fue herido y estaba próximo a morir, dijo: “En el Nombre de Dios, por Dios y sobre la comunidad del Enviado. Dios mío, Tú sabes que ellos matan a un hombre al cual no se le igualó ninguno de los descendientes del Profeta. Tengo paciencia en lo que respecta a tu decreto, oh Señor. No hay divinidad excepto Tú. ¡Oh Amado de los que imploran auxilio!”.
EXPRESIONES DE ALGUNOS DE SUS COMPAÑEROS
1) “Nosotros nunca te abandonaremos para continuar viviendo después de ti (de tu muerte). Dios nunca verá tal cosa en nosotros”.
2) “Ojalá me maten mil veces consecutivas. Desearía mil vidas para sacrificarlas por ti”.
3) “Glorificado sea Dios. ¿Acaso consideran que nos alejaríamos de nuestro sheij, nuestro señor, el hijo de nuestro tío, quien fue el mejor de los tíos ; que no prepararíamos nuestras armas a su lado; que no empuñaríamos las lanzas a su lado; que no golpearíamos las espadas a su lado? ¡No, por Dios, que no haremos tal cosa, sino que te apoyaremos con nuestras vidas, nuestras propiedades y nuestras familias! Pelearemos por ti hasta obtener tu mismo destino”.
Nota:
Todos los presentes dieron expresiones de apoyo similares la noche anterior al combate, cuando el Imam los libró de la obligación de luchar a su lado, diciéndoles que aprovecharan la noche para escapar. Este sacrificio voluntario por parte de sus compañeros contribuyó a la grandeza y dignidad de este hecho tan significativo que constituye el martirio. Si ellos hubieran dejado solo al Imam, quizás el martirio hubiese sido considerado como una acción que únicamente pudo afrontar el Imam Husain (P) y que los shiitas no pudieron soportar.
Entonces quizás el evento no hubiese tenido la importancia que tuvo, pues no sería válido como enseñanza ni como fuerza movilizadora de las masas revolucionarias. Por otro lado, si el Imam los hubiese obligado a combatir, tal vez hubiera sido un ejemplo de obediencia pero también hubiera perdido su fuerza al dejar de ser un autosacrificio conciente y voluntario.
En cuanto a ‘Alí ibn Husain Zain al ‘Abidin (P), sobrevivió porque una grave disentería lo había postrado. Era el designio de Dios, pues de lo contrario la cadena del Imamato se habría cortado. Además el Profeta y todos los Imames anteriores, incluso su padre Husain, habían anticipado que él sería el cuarto Imam. Sin embargo el día de ‘Ashura le pidió a su tía Zainab una espada para combatir a los enemigos de Dios y del Imam, y un bastón para poder mantenerse de pie. Pero su padre se lo impidió, pues él no estaba en condiciones de luchar, y por otro lado tenía que vivir y cumplir con su Imamato. Esto no significa que él haya rechazado combatir por la Causa de Dios o haya tenido miedo del martirio. Todos los Imames, de un modo u otro, trabajaron y lucharon por la Causa de Dios, y todos afrontaron el martirio al final de sus misiones.
La particularidad que distingue al Imam Husain (P) es que su lucha y su muerte iniciaron un movimiento revolucionario que despertó las conciencias adormecidas y las mentes obnubiladas de los musulmanes, permitiendo que sea resguardada la auténtica religión islámica de los tiranos corruptos. Ese movimiento aún hoy perdura y se renueva cada año en la conmemoración de Ashura, vivificando el verdadero espíritu revolucionario del Islam.
Dicho movimiento “Husaini” se inicia gracias a la intervención brillante de Zainab en los acontecimientos posteriores a la masacre.
ZAINAB Y EL MOVIMIENTO “HUSAINI”
Zainab fue la primera hija mujer de Fátimah y ‘Alí (P). Nacida en el quinto año del calendario musulmán, vivió siempre junto a su padre y hermanos. Al casarse con Abdullah
ibn Ya’far, su primo, quedó establecido en el contrato matrimonial que ella podría acompañar a su hermano Husain (P), en el momento que fuera necesario, sin que el marido pudiera oponerse bajo ningún concepto. Esto se debió al conocimiento que su padre y sus hermanos tenían sobre el importante papel que le tocaría desenvolver después de la masacre de Karbala.
El día de Ashura ella protegió con su propio cuerpo a su enfermo sobrino, el Imam ‘Alí Zain al Abidin (P). Incluso más tarde ante Ibn Ziad y ante Yazid, también volvió a protegerlo cuando éste ordenó que lo ejecutaran por su valentía al expresar la verdad, a pesar de las circunstancias.
Los mártires fueron decapitados y sus cuerpos ensangrentados fueron abandonados en el campo de batalla. Los sobrevivientes fueron tomados prisioneros y trasladados a Kufa.
Al partir, Zainab le dijo a su sobrino ‘Alí ibn Husain:
“Querido sobrino: no te entristezcas ni sientas dolor. Confía en que esta escena cambiará.
¿Acaso no sabes que aquellos que dieron sus vidas por amor a Dios se alojan en lo profundo de los corazones de los hombres?
El recuerdo de aquellos que mueren por la libertad se afirma en el corazón de la Humanidad y allí perdura por siempre. Querido sobrino: sin duda que pronto llegará un tiempo en el cual todo aquel que pase por este lugar no verá desierto ni arena alguna. Una hermosa ciudad se levantará alrededor de las tumbas de estos mártires, y este campo asumirá la forma de un hermoso santuario”.
Realmente, a pesar de todo lo que hicieron los califas omeyas y abbasidas, no pudieron borrar el honor del Imam Husain (P) ni impedir que su tumba sea hoy una espléndida mezquita. Los cuerpos decapitados de los mártires fueron enterrados tres días después por miembros de la tribu de Bani Asad, una de las tribus árabes de Kufa.
En Kufa, Ibn Ziad organizó un festejo por su victoria. La gente estaba festejando en la calle cuando ingresaron a los prisioneros. Las mujeres fueron paseadas sin velos para ser deshonradas. Al ver a los sobrevivientes, la gente comenzó a llorar y lamentarse. Entonces
Zainab les habló diciéndoles:
“Toda la alabanza sea para Dios, y que las bendiciones sean sobre Muhammad y su casta y sagrada familia. ¡Oh gente de Kufa! Vosotros, traidores, saboteadores y pecadores: ¿Ahora lloráis? Que Dios nunca borre el flujo de vuestras lágrimas y que vuestros corazones permanezcan siempre llenos de tristeza y dolor .Vosotros sois como una mujer que luego de un gran esfuerzo y trabajo, sujeta algo con una soga y tira de ella, para después soltarlo, haciendo que su tarea y empeño se pierdan. Vuestros falsos juramentos no contienen un ápice de verdad y sinceridad. Sepan que vosotros no tenéis nada que ofrecer más que poesías ficticias, falso orgullo, decepción, lujuria, malicia, mentiras... Habéis sido cómplices de un error, por el cual Dios se encuentra molesto con vosotros. Llorad ahora por la muerte de mi hermano. Porque vosotros sois buenos para llorar. Llorad en abundancia, y no festejéis, porque vosotros estáis completamente unidos en la ignominia del asesinato del Imam de vuestra época. Su sangre está en vuestras manos, y no podéis quitarla ni ser exonerados por el homicidio del viceregente del último Profeta de Dios (BPD)...”
Sus duras palabras sacudieron la mente y la conciencia de Kufa. Los más ancianos de ellos creyeron estar oyendo al mismo Imam ‘Alí (P), pues su hija Zainab tenía la misma forma de hablar que él, incluso con un tono de voz similar.
Después de ella, también Umm Kulzum, la otra hija de ‘Alí y Fátimah (P), se dirigió ante la gente criticando duramente sus actitudes. Después les dirigió la palabra el Imam ‘Alí ibn Husain (P), a pesar de encontrarse muy debilitado y enfermo. Les dijo:
“¿Acaso no estáis avergonzados de vosotros mismos? ¿Con qué cara encontraréis al Profeta el Día del Juicio? Vosotros habéis invitado a su hijo y lo habéis recibido de esta manera. Vosotros mismos lo habéis llamado para luego sitiarlo y martirizarlo junto a sus compañeros, apresando después a sus mujeres e hijos a fin de exhibirlos por las calles de la ciudad. Así es como dais la bienvenida a vuestros invitados”.
Entonces la gente comenzó a darse cuenta de lo que habían hecho. Algunos comenzaron a manifestarse en contra del gobierno de Ibn Ziyad y del califato de Yazid, e incluso se acercaron al Imam para ofrecerle su apoyo y luchar contra los tiranos. ‘Alí ibn Husain (P), ofendido y enfadado les replicó:
“¡Qué extraño! Vuestras traiciones y deslealtades con mi padre están ahora ante mis ojos. Es como si volviésemos a caer bajo la influencia de vuestra hospitalidad. ¿Es que aún no os cansáis de elaborar malvados designios? Si lo que expresáis es verdaderamente cierto, no realicéis nada en contra nuestra y absteneos de decir algo que nos traería problemas. No queremos vuestro apoyo ni vuestros favores”.
Como el ánimo de la gente comenzaba a revelarse contra el gobierno, Ibn Ziyad hizo que pasearan las cabezas de los mártires, para distraer la atención de la gente, atemorizarlos y aplacarlos. Luego preparó el palacio como para un evento de gala e hizo traer las cabezas y los prisioneros. Ibn Ziyad se jactaba de su triunfo, diciéndole a Zainab: “¿No has visto cómo Dios actuó en contra de tu hermano y su familia?”
Zainab le contestó:
“Sólo he visto benevolencia y bondad provenientes de Dios para nuestra gente, a la que Dios les Ha predestinado bendiciones y el martirio. Ellos se defendieron con valor. Fueron martirizados y alcanzaron el sitio que Dios les había destinado. Pronto Dios los pondrá a ellos y a ti frente a frente, cuando ofrezcas excusas que carecerán de valor. ¡Oh, Ibn Ziad! ¡Que tu madre llore por ti! Recuerda, un día tú no tendrás explicaciones de esto ante Dios. Prepárate para ese día y comprende en favor de quién será el veredicto del Todopoderoso... Me sorprende la persona que asesina a su Imam y declara haber obtenido la gloria a través de ello, conociendo perfectamente cuál será la retribución de un hecho tan atroz.
¡Oh, Ibn Ziyad! Tú dices estar en paz después de haber asesinado al Husain (P), pero bien sabes que él era el solaz de la mirada del Profeta . El y su hermano eran frecuentemente cargados en su santa espalda. Incluso si él hubiera aspirado al califato, estaba en su derecho, pues esto representaba la herencia de su abuelo. Prepara tu defensa para el Día en que Dios sea el Juez”...
Ibn Ziyad se enfureció por las palabras de Zainab, pero algunos de los presentes lo calmaron diciéndole que la dejara, pues sólo eran palabras de una mujer en un momento de derrota y dolor. No obstante el ánimo de la asamblea había comenzado a cambiar.
Luego Ibn Ziad se dirigió hacia el Imam y preguntó quién era él. Le contestaron: “Es
‘Alí ibn Husain”. El dijo: “¿Acaso ‘Alí ibn Husain no ha sido muerto por orden divina en Karbalá?”
El Imam le contestó: “Tenía un hermano que también se llamaba ‘Alí, y fue martirizado por tu ejército en Karbala”. Ibn Ziyad le replicó: “No, ha muerto por orden divina”. Entonces el Imam tranquilamente le recitó la aleya 39 de la sura 42 del Corán, que dice:
“Dios llama a las almas cuando mueren y cuando, sin haber muerto, duermen. Retiene a aquellas cuya muerte Ha decretado y remite a las otras a un plazo fijo. Ciertamente en esto hay un signo para la gente que reflexiona”.
Ibn Ziyad volvió a enojarse y ordenó que lo decapitasen allí mismo. Zainab se interpuso y gritó:
“¿Acaso no estás conforme? ¿Quieres eliminar a todos nuestros hombres? Primero tendrás que matarme a mí antes que a mi sobrino”.
Ibn Ziyad sorprendido ante el valor de aquella mujer, desistió de su orden. El Imam ‘Alí ibn Husain (P) le dijo:
“¿Pretendes amenazarme con la muerte? ¿Acaso no sabes que el martirio es nuestra herencia y nuestro mérito?”
Ibn Ziyad no sabía cómo impedir que la situación se tornara en su contra. Se volvió hacia la cabeza del Imam Husain (P) y con su cetro comenzó a tocarle su boca mientras recitaba unos absurdos versos. Entonces un hombre que se hallaba presente y había sido compañero del Profeta, llamado Zaid ibn Arqam, se levantó y gritó: “¡Saca de allí el bastón! Dios es Testigo que he visto muchas veces al Mensajero de Dios besar eso labios”.
Luego él comenzó a llorar y se retiró. Ibn Ziyad le dijo: “¿Lloras en el momento de la victoria? Has envejecido y has perdido tu mente”.
Zaid ibn Arqam salió del palacio gritando a la gente: “¡Oh, árabes! Por siemprepermanecerán como esclavos de Ibn Ziyad desde este momento. Vosotros habéis matado al hijo de Fátimah (P) para suplantarlo por el hijo de Maryanah (Ibn Ziayd) como gobernante, para que él mate a los piadosos y justos, y deje en libertad a los malvados y corruptos. ¡Oh, gente! Vosotros mismos habéis traído esta indignidad e ignominia. Que Dios os prive de todo honor y bienestar por haberse sometido a tal degradación y maldad”.
Así fue como se inició lo que luego sería el movimiento de los “tawabin”, los arrepentidos, que iniciarían revueltas contra los omeyas. Las palabras que Zainab y el Imam ‘Alí ibn Husain (P) habían expresado en las calles y en el palacio, comenzaron a circular entre la gente golpeando sus mentes y despertando sus conciencias. Ibn Ziyad hizo aislar a los prisioneros de todo contacto, pero el movimiento ya había comenzado su marcha. Pocos días, en la reunión del viernes, Ibn Ziyad pretendió hablar de su triunfo en la mezquita, pero no pudo. Un anciano shiita, que había perdido ambos ojos luchando junto al Imam ‘Alí (P), lo insultó y censuró muy duramente ante todos. El ordenó que lo detengan y luego lo amenazó con la muerte. El anciano le contestó:
“Desde antes que tú nacieras que le pido a Dios ser martirizado por el hombre más corrupto.
Luché en Yamal y en Siffín, perdiendo ambos ojos. Esto me impidió pelear junto al Imam Husain (P) ¡Alabado sea Dios, que Ha escuchado mi súplica!”
Entonces fue ejecutado. Luego Ibn Ziyad le envió a Yazid las cabezas de los mártires y los prisioneros.
Damasco (Sham) en Siria, había estado gobernada por la familia de Abu Sufián, desde su incorporación al Estado islámico. Primero por Yazid, hermano de Moawia, durante un corto tiempo, y luego por Moawia durante unos cincuenta años.
Como mínimo durante veinticinco años, Moawia había hecho que el Imam ‘Alí (P), su familia y seguidores fuesen difamados abiertamente, por lo que gran parte de los sirios creían que los shiitas eran los enemigos de Dios, los innovadores de la religión, los herejes, guardando hacia ellos un amplio resentimiento y rencor. Por consiguiente, todos festejaban la matanza de Karbala como una supuesta victoria contra los enemigos del Islam. Y esperaban la llegada de los derrotados para insultarlos en la cara y celebrar jactanciosamente su triunfo.
Yazid preparó la corte con todo su esplendor. Se vistió con lujosos trajes de seda, se cargó de joyas y se puso una pomposa corona como un gran rey.
Los allí reunidos recibieron su primera impresión al ingresar los prisioneros y las cabezas de los mártires. Los cautivos iban encadenados y esposados, sin cargar con la humillación de la derrota, sino por el contrario mostrando un aspecto de orgullo y valor que infundía respeto. Las cabezas de los mártires, en especial la del Imam Husain (P), tenían un brillo de santidad particular que los vislumbró. ¿Acaso eran estos los enemigos de Dios y del Islam?
La persona que llevaba la cabeza del Imam en una bandeja de oro, se acercó a Yazid diciendo: “Te traigo la cabeza del mejor de los hombres, el de mejor genealogía. Lo menos que pueden hacer es llenar mi bandeja con joyas y perlas por este servicio”. El infortunado hombre no sabía que esas palabras encendían la ira del califa. Yazid le preguntó: “Si él es como tú dices, ¿por qué lo has hecho?” El hombre contestó: “Por tu recompensa.” “Bien”, replicó Yazid. “Tu recompensa es la muerte. ¡Ejecútenlo!”
Luego Zahr ibn Qays dio los detalles de todo lo ocurrido. Yazid, queriendo aparentar, expresó: “Te agradezco todo cuanto has hecho, pero podrías haberme prestado este servicio sin llegar a la muerte del Husain. Si yo lo hubiera encontrado, lo hubiera perdonado. Considero que Ibn Ziyad es el responsable de este error. ¡Que la maldición de Dios sea sobre él, por haber llegado a este punto! Pero lo que Dios Ha decretado, tenía que pasar, y ya nada puede hacerse”.
Luego Yazid se volvió hacia la asamblea y dijo: “Este hombre era arrogante y consideraba que su abuelo, su padre y su madre eran superiores a los míos. El se consideraba más digno que yo para el califato. Tal arrogancia lo condujo a este día. El reclamo sobre su abuelo (el Profeta) era cierto, pero lo referente a su padre y su madre era falso. ¿Acaso no vio que su padre peleó contra el mío y que Dios juzgó entre ambos, dándole la victoria y soberanía a mi padre? El se consideraba superior a mí, pero ¿acaso no conocía las palabras del Corán: Di: ¡Oh, Señor mío! Toda la Soberanía es Tuya, y Tú otorgas el Reino y el Poder a quien quieres?”
Luego Yazid señaló la boca del Husain (P) con su cetro y dijo sarcásticamente:
“¡Oh, Husain! ¿Cómo has encontrado la vida del mundo? Tenías dientes encantadores, pero qué pronto los signos de la edad avanzada irrumpieron en tu rostro”. Después comenzó a recitar unos versos suyos que decían: “Por mis antepasados martirizados en Badr. Si ellos estuviesen presentes y vieran cómo los he vengado. Si ellos estuviesen aquí, exclamarían alegres: ¡Oh Yazid! Que tus manos no sientan dolor, ni se detengan sobre quienes nos han matado”.
En ese momento, un anciano compañero del Profeta (BPD) que estaba presente, llamado Samarra ibn Jandaq, se levantó y gritó: “Oh, Yazid. Aparta tu cetro de él. Dios es testigo de cómo mis propios ojos han visto al Profeta besar esos labios y decir: ‘¡Oh Husain, que Dios maldiga a quienes te asesinen!’”
Yazid ordenó que lo echaran, diciendo: “Si no fuese por respeto a tu compañerismo con el
Profeta, te haría ejecutar”. El hombre le replicó: “¿Respetas el compañerismo con el Profeta, pero no su parentesco?”
La gente se quedó sorprendida en silencio. Entonces Zainab (P) aprovechó esa ocasión para hablar. Ella dio un discurso muy largo y elocuente, del cual exponemos una parte reducida:
“En el nombre de Dios, el Omnipotente, el Creador. Que las bendiciones sean sobre mi abuelo, el Sello de los profetas. Dios Ha dicho: Que el mal sea sobre quienes cometen el mal, así como sobre quienes rebajan y niegan los signos de Dios. Oh Yazid, ¿Acaso crees que has tornado nuestra vida miserable o nuestra existencia imposible de sobrellevar? ¿O crees que estamos indefensos por permanecer en tu presencia atados y esposados, y que tú has ganado poder sobre nosotros? ¿Crees que hemos sido degradados y expulsados de la Gloria, y que por otro lado tú has sido honrado y elevado por Dios?...
Aguarda un poco, oh tú, ignorante descarriado. Has olvidado el edicto de Dios que expresa: No crean que consideramos a los malvados e incrédulos por el bien que hayan hecho, sino, por sus múltiples pecados, los que los llevarán a un castigo degradante. Oh, progenie de esclavos liberados.
¿Esta es vuestra justicia?: Que vuestras mujeres caminen cubiertas, y nosotras, las mujeres de la familia del Profeta seamos exhibidas por las plazas de los mercados descubiertas. Tú Has insultado la dignidad de la Casa del Profeta quitándonos el velo...¡Oh, Yazid!, con lo que has hecho, has dado amplias pruebas de tu arrogancia ante Dios, has negado a Su Enviado y sus enseñanzas y a la doctrina del Libro Santo. Sin embargo ¿Por qué habría de parecernos extraño o causarnos sorpresa? Tú provienes de aquellos ancestros que masticaron los hígados de los mártires del Islam y se alimentaron de eso. Ellos fueron quienes organizaron ejércitos y alzaron sus espadas contra el Profeta. Es natural que el descendiente de tales personas resulte el más prominente entre los árabes con su crueldad, traición y engaño, causando división y conflictos, adelantándose en sus actividades contra Dios y Su Profeta. Recuerda que tu maldad y tus actos abominables son un reflejo de tu interna incredulidad y del espíritu de venganza que ronda en vuestros corazones desde la batalla de Badr...
Tú dices que si tus antepasados pudieran contemplar tus sacrílegos logros, darían un grito valiente diciendo: Oh Yazid que se fortalezcan tus brazos, pues nos has vengado...
¡Oh Yazid! Si tú fueras realmente conciente del mal que has causado, desearías que tus padres nunca te hayan traído al mundo. Pues, si meditaras, te darías cuenta que Dios está enfadado contigo y que el mismo Profeta es ahora tu enemigo. ¡Oh, Dios Todopoderoso! Devuélvenos nuestros derechos.
Toma venganza sobre aquellos que nos han causado daño y derrama Tu Ira sobre quienes han vertido nuestra sangre, quebrando sus juramentos, asesinando a nuestros parientes y profanando nuestra santidad... ¡Oh Yazid!, no pienses que aquellos que han brindado sus vidas en el camino de la piedad y por la glorificación de Dios están muertos. No. Ellos viven y son alimentados por Dios. Ellos están felices por las sublimes bendiciones del martirio que han sido derramadas por su Creador sobre ellos. El Profeta es tu desafiador, y el Angel Gabriel (P) es nuestro ayudante y nuestro apoyo en tu contra...¡Oh, Yazid! He denunciado y expuesto tus acciones ante ti, sin tener la esperanza que después de meditarlo puedas arrepentirte..., porque tú estás entre aquellos cuyos corazones han sido endurecidos, cuyos cuerpos se han corrompido y cuyos seres se han convertido en despreciables para Dios y Su Profeta. Tú eres de aquellos cuyos corazones se unen al demonio...
¡Juro por Dios, que Ha enviado hacia nosotros Su Libro, que nos Ha agraciado con la Profecía y nos Ha lucido y honrado con la santidad, que tú nunca podrás destruir nuestro legado ni extinguir nuestra luz, como tampoco cubrir la ignominia que has causado con tus abominables actos!...”
Yazid no pudo responder a sus palabras. Sólo pudo expresar que el dolor de la derrota hace perder a la gente el miedo a la muerte, como para justificar aquel valioso discurso que diera Zainab. Para desviar la atención de la asamblea, Yazid se dirigió hacia el Imam ‘Alí ibn Husain (P) diciéndole que su padre había sido el culpable de todo lo que había sucedido.
El Imam le replicó:
“Que Dios maldiga a quienes lo mataron”.
Entonces Yazid ordenó que lo decapiten. El Imam tranquilamente se limitó a pedirle que antes designara alguien que condujese a las mujeres a sus hogares, pues no tenían pariente íntimo más que él. Entonces Yazid se contuvo, y aparentando compasión, dijo que los dejaría en libertad. Sin embargo los envió a prisión, a fin de mantenerlos aislados de la gente.
Los discursos de nuestra señora Zainab y la nobleza del comportamiento de todos ellos trascendieron por la ciudad, a pesar de la cautividad. Poco a poco la gente comenzó a repudiar la obra de Yazid, quien no dejaba de echarle la culpa a Ibn Ziyad, quien supuestamente se había excedido en su mandato.
Debido a la situación, Yazid decidió finalmente liberarlos y dejar que se reúnan con la gente, mostrando respeto hacia ellos. Zainab comenzó con la tradición de llevar a cabo reuniones de duelo en recuerdo de los mártires de Karbala. Sólo vivió un año más hasta que, consumida por la pena y debilitada por la tristeza, falleció el 14 de Rayab del sexagésimo segundo año lunar.
Yazid murió en el sexagésimo cuarto año, habiendo gozado muy poco de su poder mundanal, tal como Zainab se lo había pronosticado. En el sexagésimo quinto año el movimiento de los arrepentidos de Kufa se levantó contra el gobierno omeya. En el año sexagésimo sexto Mujtar junto con Ibrahim ibn Malik Ashtar (ambos shiitas) asumieron el gobierno de Kufa y empezaron a dar muerte a todos los que habían participado en la masacre de Karbala, comenzando por Ibn Ziyad y Omar ibn Sa’ad. De este modo Mujtar cumplía con un designio que le había sido vaticinado por el Imam ‘Alí (P), vengar la muerte del señor de los mártires. Aclaramos que Mujtar era un extremista que sostenía el Imamato de Muhammad ibn al Hanafiyah.
Extraído del libro "Los Imames de la Buena Guía (P)". Fundación Imam Ali. Beirut.
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